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Nakira la rubia del amazonas

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Nakira, se había convertido en una muchacha muy hermosa, pero ahora tenía que seguir las costumbres. Los dos se tumbaron en la hamaca, el se agarraba a ella por sus pechos, que eran grandes y hermosos, los pezones puntiagudos con una aureola grande.

Se pusieron en la posición de cuchara, el a su espalda con sus piernas acopladas a las de ella. Ella había abierto las piernas y el depósito su pene a la entrada de la vagina, trato de introducirlo, pero la postura, para unos inexpertos era un poco complicada, ella se bajo de la hamaca y agarrándolo por el pene le ordeno que la siguiese, el joven obedeció le mando tumbarse en el suelo y ella se puso encima, cogiendo el pene se lo introdujo un poco en su vagina, que estaba medio abierta y se dejo caer sobre él.

Al contacto con el virgo, ella grito, pero él la retuvo agarrándola por las caderas, obligando a que subiese y bajase sin sacar su pene de la vagina. Ella lo estaba cabalgando con alegría, el dolor que había sentido al principio, se estaba convirtiendo en placer, le gustaba, se movía con soltura, para un lado y luego para el otro, para adelante y luego para atrás, entonces al joven le vino el orgasmo, eyaculando dentro de la vagina, ella sintió el espeso liquido dentro de sí y apuro los movimientos mas rápidos llegando a dar un fuerte grito al recibir por primera vez un orgasmo, al sacarlo, vio que estaba manchado de sangre de vida, la había desvirgado. Lo dejo allí mismo tumbado y fue a comer, por sus muslos descendía un chorro de esperma, que salía desde su vagina, se acerco al rio y se lavo. El muchacho la siguió, se lavo y se sentó detrás de ella y comió, el le pertenecía a Nakira desde ese momento, ya no tenía necesidad de orinar delante del si quería copular, ella tenía esa prerrogativa, con sus hombres no tenía que pedirles permiso más que una vez la primera que lo utilizase. Se sintió satisfecha le había gustado como se habían divertido.

Todos los días hablaba con las nativas embarazadas, tocaba sus vientres y sus pechos, comprobando que de algunos si los apretaba mucho salían pequeñas gotas de calostro, que ella se llevaba a la boca para conocer el sabor.

A los dos días de la primera experiencia sexual, fue a buscar a otro indígena, encontró uno mayor, tendría unos 30 años, se agacho y orino ante el, el indígena le respondió orinando ante ella, se apartaron y esta vez ella se tumbo en el suelo, le agarro el pene al hombre y lo puso ante su vagina. El nativo, le agarro de los pechos y se los acaricio, ella noto una extraña pero agradable sensación, que hacía que su vagina comenzase a mojarse, con una mano le tocaba el clítoris y con la otra un pecho, Nakira disfrutaba de los tocamientos, cuando estaba distraída, el indio la penetro de un solo golpe, Nakira hizo una mueca y se agarro a las caderas de su partener, que comenzaba un mete y saca constante, lento, pero constante, ella sonreía de placer, el indígena comenzó a acelerar los movimientos, cada vez más rápido y ella suspiraba cada vez más fuerte, hasta que los dos llegaron al mismo tiempo al orgasmo, dando gritos de gozo., Estaban agotados, se separaron y se fueron a lavar. Luego fueron a comer, el se sentó detrás de ella, al lado del muchacho con quien había debutado el día anterior. Tenía 2 hombres para ella sola. Cada noche se acostaba con uno y disfruta de sus hombres, se estaba convirtiendo en una adicta al sexo.

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Como jefa de la tribu, todos los días recorría el campamento, hablando con los ancianos, preocupándose de que eran atendidos en sus necesidades, de que no les faltase comida si recibía alguna queja de un anciano por no estar bien atendido, castigaba a sus cuidadores, que por lo general eran los hijos a llevarles la comida necesaria y a no orinarse durante 2 lunas (2 meses) no podrían mantener relaciones durante ese tiempo y el hombre haría las labores designadas a las mujeres, como el cuidado de los hijos y la comida, (El ser castigado con esas tareas suponía que no merecía ser un hombre durante ese castigo y que podría ser tratado como las mujeres) aunque era una sociedad matriarcal, para el hombre desempeñar algunos roles de mujer era humillante como el de orinar agachado, si en ese momento era visto por otro hombre orinar agachado, podrían orinar frente a el, lo que les convertía en mujer-hombre y debería mantener relaciones sexuales con el rol de mujer.

En una ocasión, tres hombres, estaban preparando sus flechas y cerbatanas, ella se acerco a ellos, se agacho y orino delante de cada uno de ellos, le respondieron orinando ante ella, se levantaron y se apartaron hacia la zona donde ella tenía su hamaca, se puso de rodillas en el medio de los tres y comenzó a mamársela a uno de ellos, mientras que los otros dos eran masturbados por ella, alternaba constantemente, le mando a uno que se tumbase ella se sentó encima del clavándose el pene en su coño y comenzó a cabalgarlo ofreciendo su culo al primero que quisiese metérsela, se acerco el de mayor edad, y agarrándola por las caderas se la clavo de un solo golpe, grito de dolor, era la primera vez que la enculaban, el tercero le agarro la cabeza y le metió su pene en la boca.

Los tres indios estaban gozando de ella al mismo tiempo, y ella gozaba de sus hombres por todos sus agujeros. Ninguno de los tres paraba en sus movimientos y los cuatro llegaron al unisonó a un orgasmo comunal, la tuvieron que ayudar a levantarse, el culo lo tenía abierto, al ponerse de pie, el esperma le salía del culo y de la vagina, el que tenía en la boca se lo había tragado. Tenía para ella sola 5 hombres que la satisfacían a cualquier hora del día y de la noche.

Un día cuando despertó no se encontraba bien, camino un poco y al ver como preparaban la comida, le dio nauseas y devolvió. Era la primera vez que devolvía, se asusto y le pregunto a la anciana que vivía con ella que le pasaba, la mujer se rio, y con gestos le dijo que estaba embarazada, le indicaba que su vientre se hincharía y que pronto estaría como la mujer que en la esquina se levantaba en ese momento mostrando un vientre de 7 meses.

Nakira, froto su vientre y sonrió, eso no le impidió seguir con sus quehaceres como jefa de la tribu, además de atender a sus maridos en lo que respecta a la sexualidad, de ella, ya que como jefa, nadie podía orinar delante de ella pidiendo copular, era ella la que escogía.

En una ocasión se encontraba recogiendo unas plantas para preparar unos ungüentos se había agachado, mostrando su sexo a quien pasaba cerca, uno de los perros del poblado se acerco, olio su sexo y lo lamio, ella sintió una agradable caricia que le producía que su vagina comenzase a mojar sus labios, el animal al sentir que sus lametadas la estaban excitando, continuo limpiando su sexo puso una pata sobre ella, ella se quedo quieta, el animal se coloco detrás y levantándose sobre sus patas traseras y apoyando su cuerpo en la espalda y sus patas delanteras abrazándola, trataba de copular con Nakira, ella estaba asustada, en eso el animal acertó introduciendo su pene en la vagina da Nakira, comenzó con unos movimientos cortos pero rápidos, su pene crecía consiguió meterlo totalmente y ella comprobó que el botón del animal crecía dentro de ella llenando su vagina de esperma, los chorros de esperma no cesaban, en eso, el animal paso una de sus patas traseras por encima de la espalda de Nakira y quedaron pegados, ella se quería soltar, pero el dolor se lo impedía, así permanecieron como unos 15 minutos, mientras estaban abotonados, el animal seguía inundando la vagina con su esperma. Cuando la bola se desinflo se pudieron separar, el animal se dio la vuelta y antes de limpiarse limpio la vagina de Nakira de todo rastro de esperma que salía de ella, luego se limpio el animal. Ella se levanto un poco asustada vio al animal y el la vio, le lamio los pies y se tumbo a sus pies, ella se fue al rio a limpiarse, el animal la seguía. Donde ella iba el animal la seguía, se tumbaba siempre a sus pies y cuando alguien se acercaba veía la cara de Nakira y sus gestos, si estos eran agradables el animal seguía en estado calmado, pero si ella no estaba de acuerdo con la persona que le hablaba, el animal gruñía esperando una orden de ataque.

Se había convertido en el guardaespaldas de Nakira además de uno más de sus amantes, ya que el acto de zoofilia no fue el primero y único.

Su vientre seguía hinchándose, mes a mes, sus pechos habían aumentado de tamaño, los hombres la miraban con deseo de ser orinados, ella sus deseos los había apartado un poco, la deformidad de su cuerpo no le permitía tomar demasiadas posiciones eróticas para disfrutar, hacia alguna mamada y se ponía a cuatro patas, en esa postura, su guardián se acercaba y le lamia los pechos, mientras el hombre de turno le metía el pene por la vagina y se corría dentro de ella, después el perro la limpiaba con su lengua.

Le gustaba pasear su hinchado, vientre de 8 meses por todo el poblado, se reunía con las mujeres que estaban también embarazadas y se contaban sus experiencias de embarazo, ella no hacia ningún esfuerzo, tenía a sus hombres que hacían los trabajos más duros y otras mujeres que le preparaban las comidas. Al ver que las otras mujeres embarazadas tenían que seguir haciendo las tareas más pesadas sin las ayudas de sus hombres, ordeno de que los hombres cuyas mujeres estaban embarazadas las ayudasen en sus tareas pesadas, ir a buscar leña al bosque, cargar pesos incluso si ellas ya tenían algún hijo pequeño ellos se tenían que encargar de ayudarlas en los cuidados y crianza de los pequeños.

Las mujeres aceptaron de buen grado las disposiciones, los hombres a regañadientes, pero si se revelaban se exponían a un castigo muy duro. Serian castrados y les cortarían el pene, por lo que ya no serian jamás hombres y entonces tendrían que comportarse siempre como mujeres en todos los aspectos, orinar agachados, ser sodomizados y obligados a vivir con otros hombres con el rol de mujeres.

Durante el último mes de embarazo, Nakira visitaba a todas las mujeres embarazadas preguntándoles cuando darían la vida a sus vientres, ella está deseando que su momento llegase, su vientre ya pesaba mucho le obligaba constantemente a orinar, ya que el feto oprimía la vejiga y no retenía la orina su espalda obligada por su embarazo se doblaba pareciendo su silueta como los meandros del gran Amazonas, se ponía de pie y no podía ver sus pies ni donde pisaba, su trasero lo tenía siempre en pompa, redondo y con las carnes bien prietas, la veías caminar y cogía las posturas naturales de todas las mujeres embarazadas del mundo en su noveno mes, una mano, sosteniendo su voluminoso vientre y la otra a la altura de los riñones, las piernas un poco abiertas y los pechos rezumando calostro constantemente hinchados y voluminosos.

Un día hablando con las ancianas, sintió una humedad entre sus piernas, un líquido verdoso salía de su vagina, había roto aguas, la ayudaron y la tumbaron sobre unas esterillas, le dieron a beber una infusión que le aliviaría los dolores al mismo tiempo que la ayudaría a dilatar, ella con cada contracción gritaba, las ancianas sonreían por la inocencia de Nakira, llamaron a sus hombres para saber quién es que mordería el cordón, ninguno sabia quien era el padre, tenía que decir Nakira quien era, ella tampoco lo sabía, ya que había mantenido relaciones con todos y varias veces no quería que sus hombres lucharan entre ellos para dilucidar quién mordería el cordón. Decidió que ella misma lo mordería así designaba que era su hijo.

Las contracciones eran cada vez más frecuentes y los dolores más fuertes, le volvieron a dar una infusión que aceleraría el parto. Le indicaron que en la siguiente contracción empujase fuerte y que todo se terminaría, cuando le llego, dio un empujón y la criatura salió de su vagina, era una niña, como le había dicho Manakira, que tendría muchas hijas, pero no era la única, venia otra niña, tenia gemelas, le acercaron el cordón y con fuerza lo mordió dejando en libertad de vida a sus hijas, las ancianas la atendieron, limpiaron a las niñas y se las dieron, cogió a cada una en sus brazos y enseguida las criaturas se agarraron a los pechos de su madre, comenzando a mamar el calostro que de sus enormes pechos manaba.

Durante el puerperio, Nakina velaba por sus hijas aquien le había puesto los nombres de Kunakina y Sanakina, tenían los ojos claros y el pelo rubio como su madre crecían en libertad en un pueblo libre de opresión y en plena naturaleza, aprendían de las ancianas del poblado, las gentes de tribus colindantes habían acudido a ver a las hijas de Nakira ya que para ellos el tener los ojos azules y ser rubias, era un signo de prosperidad y paz para la región.

Nakira mantuvo a sus hijas siempre muy cerca de ella, les enseñaba todo lo que había aprendido de Manakina, y de las demás ancianas de la tribu, las niñas ya tenían un año pero Nakina les seguía dando el pecho, ellas se acercaban y cada una se agarraba a un pecho y mamaban hasta quedar hartas, además comían plátanos hervidos frutas, yuca y monos.

En una ocasión Nakira vio como uno de los hombres del poblado golpeaba a su mujer le pregunto porque había hecho tal cosa, él le contesto porque su mujer ya no orinaba delante de él y si el orinaba delante de ella no le contestaba orinando, no le preparaba la comida y no tenía hijos.

Nakira, se enfado por el trato que le daba a su mujer y le castigo a efectuar las labores de ella durante 6 lunas (6 meses) él se opuso y amenazo a Nakira. Su guardaespaldas se abalanzo sobre el indio mordiéndole en el brazo que le había levantado a Nakira, fue reducido por los otros hombres y castigado. A la mañana siguiente se procedería a cumplir el castigo, fue atado a un poste en forma de X, con las piernas bien abiertas, y a la orden de Nakira uno de sus maridos de un solo tajo, le cortó los testículos y el pene, le aplicaron unos ungüentos para cortar la hemorragia y fue liberado, los restos los quemaron.

Desde ese momento, se había convertido en una mujer, y estaba obligado a vivir con el rol de mujer, tenía que hacer todo aquello que hacían ellas, cocinar, ir a buscar agua, y leña incluso tenía que pedir relaciones poniéndose delante de un hombre y orinar agachada, porque aunque le habían cortado el pene seguía teniendo un meato urinario, como las mujeres. Tenía que dejarse crecer el pelo como el resto de las mujeres y le hacían beber todos los días una infusión de diversas hierbas y cortezas en grandes cantidades. Esa infusión le produciría cambios físicos en su cuerpo, le crecerían los pechos y su figura atlética tomaría una forma más femenina. Esa infusión alteraba las hormonas produciendo mas hormonas femeninas que masculinas, que al haber sido castrado se las habían anulado, en pocos meses aquel hombre tenía unos pechos grandes con pezones puntiagudos y areola hermosa vivía en el lugar designado a las ancianas, y de vez en cuando, eran solicitados sus servicios sexuales por algún otro hombre, pero no podía quedarse a vivir con él. Lo habían convertido en la puta del poblado.

Era la primera vez que ese castigo se impartía en más de 200 años, esa actitud le dio fama a Nakira de ser una mujer fuerte y decidida a mantener el orden en la selva, la noticia había llegado a oídos del hombre blanco y se lo pensaban más de dos veces el entrar en los territorios de Nakira.

Ella, seguía con su adicción al sexo, no había noche o día que no se acostase con alguno de sus maridos e incluso de haber orinado delante de nuevos, llegando a tener 14 hombres para ella a los que atendía y la saciaban. Se dice que llego a tener 15 hijas, todas ellas rubias y de ojos azules. Con Nakira había renacido la leyenda de las mujeres guerreras Las Amazonas.

Nadie consiguió penetrar en la selva para localizarla y se dice que hoy en día una tribu de mujeres rubias y ojos azules son el orgullo de todas las tribus del Amazonas.

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